La autora de este trabajo destaca las principales preocupaciones de esta pensadora y mística en torno a la necesidad de subordinar los medios políticos y técnicos a los fines vitales del hombre. En particular señala como el mayor peligro la desaparición del pensamiento reflexivo, que confiere autenticidad a la vida humana.
En este texto se ponen de manifiesto flagrantes contradicciones entre la invocación de la democracia y las prácticas imperialistas de la actual política estadounidense. Concluye señalando que el futuro de la humanidad debe cifrarse en el entendimiento entre los pueblos y no en la "excesiva confianza en las leyes inexorables de la historia" ni en la propensión a percibir en los grandes proyectos técnicos la solución de todos los problemas sociales.
Mansilla enumera algunas de las principales carencias fundamentales del marxismo occidental o crítico, que aun cuando se opuso a la ortodoxia moscovita, encierra principios igualmente alienantes como el no lograr resolver la enajenación del hombre en una sociedad altamente industrializada, los problemas ecológicos y en última instancia el no comprender las complejidades del mundo moderno.
Haciendo propia la afirmación de que el conocimiento de la historia de los países europeos es imprescindible para el entendimiento cabal de su repercusión en México, el autor perfila las coordenadas internacionales en las que tuvieron lugar la Intervención y el Imperio, cubriendo una falta frecuente en la que incurren la mayor parte de los historiadores. A su vez proporciona un valioso listado de obras de investigadores europeos y americanos de los últimos treinta años que resultan indispensables para estudiar el período y señala algunas de las áreas que quedan por estudiar.
Mediante un juego especular, de la memoria y de la propia escritura, en el que se actualizan hallazgos de Barthes y Lacan, la novela de Elizondo constituye un 'texto de goce' que le permite un prodigio que parecía imposible: el "relato de una escena sin continuidad en la historia".
Ramón Xirau ha vivido el exilio de una manera bifronte, exilio físico y exilio de la lengua: al escribir poesía en catalán multiplicaba el elejamiento de su lugar de origen, pero -curiosamente- para mejor acercarse y arraigarse en su exilio, segundo orígen de la persona y de la obra. Uno de los motivos constantes en su poesía son los frutos -la naranja sobre todo, como un sol resplandeciente en la plenitud del mundo- pero también los pájaros, las aves, de los cuales son buena muestra estos cuatro poemas. Y los frutos, como los pájaros, tienen unas raíces volátiles, arraigan ante la mirada, ante el gusto o el oído. De la misma manera Xirau arraiga en la volatilidad del poema en su diálogo con Villaurrutia o con Octavio Paz, con Gorostiza o con Pellicer, diversos nombres de esa otra patria que se le volvió México.